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Depresión.

Hola,

Me llamo Meritxell, soy mamá y tengo tendencia a la depresión.

Por lo que he podido investigar, prácticamente todo mi linaje materno lo tiene. Mi bisabuela ( a la que no llegué a conocer) tuvo intentos de suicidios y autoliticos, mi abuela, la mujer que me trajo al mundo, y yo también.

Padecer depresión, desde mi experiencia y punto de vista tiene dos vertientes. La falta de serotonina, y lo que esperamos de nosotros mismos. Esto no lo ha dicho ningún psicólogo, es lo que digo yo después de conocerme, y conocer los casos más cercanos.

Padecer depresión no es ninguna tontería, y es un tema muy tabú a día de hoy, y es por eso que quiero, deseo y necesito escribir este post hoy.

Las personas que padecen depresión, temen de asumir su problema por compararlo con algún tipo de “locura”. Hoy, vengo a desmentir eso.

La depresión es una enfermedad. Punto. Y como enfermedad se ha de tratar adecuadamente.

La primera vez que sentí síntomas de depresión fue en el 2015. Los últimos años habían sido muy tensos, había vivido al límite, me había exprimido. Cuando por fin encontré la estabilidad, y se supone que debía estar más feliz que nunca, caí en depresión. Un psicólogo más adelante me dijo que, cuando una persona vive al límite mentalmente, la mente se bloquea y aparentemente la persona es una roca sentimental, pero al experimentar “relajación” todo lo malo viene así de repente y de manera más intensa. Empecé a volverme irritable, no tenía ilusión por nada, empecé a descuidar mi imagen, me centraba más en lo negativo que en lo positivo de las situaciones, y me enclaustraba en casa por varios días. No me reconocía a mi misma. La cosa cada vez iba a más, pensamientos más negativos. Cuanto peor me encontraba conmigo misma, peor estaba con Papi: discutíamos a menudo, aunque ahora me doy cuenta de todos los esfuerzos que él hizo para mantenernos unidos a pesar de todo, el se armaba de paciencia, pero yo siempre encontraba la manera de discutir. Lo que hacía acrecentar mi malestar. Y un día…exploté. 

Fue un día que Papi y yo habíamos discutido, y yo me había puesto demasiado nerviosa, así que decidió llevarse a Marc. Sola, en mi habitación a oscuras, los pensamientos negativos se sucedían con más fuerza que nunca. Y entonces, sin dudarlo cogí unos diazepam que tenía guardados para no me acuerdo el que, y me los tomé. Sin pensar. Los mezclé con alcohol para que el efecto fuese más fuerte y acabar con todo más rápido.

Afortunadamente ( en ese momento no pensé lo mismo) desperté horas más tarde en el Clínico. El susto que se había llevado Papi había sido grande. Y más mi desilusión al despertarme con una vía puesta. Me pasaron ese mismo día a psiquiatría, donde me derivaron a un CESMA, que, no hizo demasiado efecto. Poco tiempo antes fue que había encontrado el voluntariado que a día de hoy sigo haciendo, que cuenta con especialistas en salud mental y uno de ellos decidió ayudarme.

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Al tiempo dejé la medicación que me habían recetado en el CESMA y empecé a trabajar en mi misma. En conocer mis emociones, mis síntomas, en ayudar a mi niña interior a resolver sus traumas, en trabajar mi autoestima. Empecé a establecer relaciones de amistad, y cultivar su crecimiento como si de hermosas plantas y flores se trataran. Me centré en mi hijo, y en Papi. En como mejorar la relación. Encontré un trabajo. Descubrí cosas que me gustan y empecé a dedicarme tiempo para mi a solas también entre todo lo anterior.

La calidad de mi vida mejoró tanto, que empecé a experimentar felicidad. Pero felicidad de la de verdad, esa en la que disfrutas de las cosas pequeñas. De los sentimientos que sientes y recibes. Empecé a disfrutar del tiempo que pasaba con los míos ( familia y amigos), a darle valor a detalles que poco tenían que ver con lo material.

Me aventuraría a decir, que yo he experimentado en ocasiones una felicidad plena, y que aspiro a sentirme así más a menudo.

Pero como dije al principio..tengo tendencia a la depresión. Eso significa que, de vez en cuando, mi nivel de serotonina baja. Y eso no lo puedo controlar.

Pero igual que no puedo controlarlo, y mi estado de animo empeora cuando eso sucede, si que existen técnicas que hacen que los efectos de ese cambio hormonal sea efímero y discreto.

Para empezar, centrarme en lo bueno. Ya que de buenas a primeras no me va a salir, cuento con la ayuda de mis amigos y de Papi. Un café con los amigos, una charla en el balcón recordando buenos momentos, momentos divertidos, anécdotas graciosas. El humor es de las mejores terapias para la depresión.

No estoy sola. Rodearse con gente que te apoye es vital para superar esos momentos de bajón. Como dije, en su día con mi”gran depresión” Papi estuvo a la altura llenándose de paciencia y de valor. Ahora no solo tengo a Papi, si no a buenos amigos que solo con decir ‘me siento triste’ enseguida aparecen en casa. También tengo a mis tíos, que aunque viven lejos, no dudan en coger el coche para visitarme cuando lo necesito. Y a mi suegra amada, que a pesar de la diferencia horaria, es capaz de levantarse de madrugada si algo necesitamos cualquiera de nosotros, incluso yo a pesar de no ser “ de su sangre”.

Conocer tus puntos fuertes. Hay quien le funciona comer dulce. Hacer ejercicio. Escribir. Coser. Hay mil formas de evadir la mente. Sólo tienes que conocerte bien y saber qué es eso que es capaz de concentrarte tanto, que es capaz de hacerte olvidar tu tristeza. En mi caso me funcionan varias cosas, entre ellas una sesión de cine sola o acompañada y la costura, de la que han salido verdaderas obras de arte en mis momentos de bajón.

Sal a la calle y respira aire puro. Una de las cosas que no falla en la persona depresiva es las pocas ganas de salir. Curiosamente la luz del sol nos puede animar mucho, así que aunque tengamos 0 ganas de salir a la calle, un paseo, y más si conseguimos ir a un lugar tranquilo, nos ayudará a despejar nuestra mente.

Aunque tenga tendencia a la depresión, y siempre la vaya a tener, no pienso dejar que esta enfermedad pueda conmigo. Si estás leyendo esto y te sientes identificada, toma medidas: visita un terapeuta de salud mental, conócete a ti misma y…¡lucha, lucha por tu felicidad!

 

 

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